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Siempre somos dueños de nuestra propia empresa

Siempre somos dueños de nuestra propia empresa

Aprendimos estereotipos que vincularon el éxito laboral al estrés como modo de vida y al dinero como meta de llegada

Ese paradigma nos hizo creer que dedicarle al trabajo más de un tercio del día estaba bien, que trabajar el fin de semana o reducir las vacaciones era lo normal si uno quería llegar a algún lado…y, todos –en mayor o menor medida- caímos en la trampa

Una trampa que nos llevó a tratarnos como máquinas olvidando nuestras necesidades humanas básicas

Crecimos exigiéndonos una superación constante pero no aprendimos a mirarnos, a registrarnos, a tenernos paciencia, a mimarnos, a escuchar nuestras necesidades, a cuidarnos…

Muchas veces en el afán por ganar más, por tener un puesto mejor, por hacer crecer nuestro espacio de trabajo nos exigimos más que a una máquina y nos olvidamos que somos a la vez nuestro capital y nuestra mano de obra

Siempre somos nuestra propia empresa.

No importa si trabajamos en relación de dependencia o en forma autónoma; siempre, nos tenemos a nosotr@s como única máquina para conseguir los resultados que buscamos.

Toda empresa tiene máquinas que funcionan, que tienen un mantenimiento y que paran ciertas horas; toda empresa tiene días y horarios de trabajo, sectorización de actividades, planificación, incentivos y bonificaciones; toda empresa tiene una cara visible para tratar con los clientes y un servicio de limpieza puertas adentro…

En la abogacía, funcionamos como una empresa.

Necesitamos trabajar con un fin en mente, con una planificación vinculada a las motivaciones personales para detectar las gratificaciones que van llegando o reformular el rumbo; también es recomendable que acumulemos actividades según el tipo de tareas para ser más eficaces, que destinemos ciertos momentos al trato con el cliente y otros a la concentración…

Pero básicamente es imprescindible que comprendamos la importancia de sabernos la única máquina que tenemos.

Si forzamos una máquina, se rompe.

También nosotros, para funcionar eficazamente, necesitamos descansar lo suficiente y nutrirnos para seguir andando, todo en proporciones iguales.

Cuidar a nuestra empresa implica poner en agenda nuestro propio cuidado.


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